sábado, 22 de septiembre de 2007

298. Dilapidar la democracia

Hace cinco años un grupo de imbéciles se pusieron de acuerdo para convertir los legítimos reclamos de millones de venezolanos en el intento torpe y criminal de hacerse con un poder que nadie les estaba ofreciendo. El 11 de abril de 2002, como he dicho, millones de personas salieron a la calle exigiendo respuestas y esperando algún liderazgo (qué desgracia que el ser humano necesite siempre un líder, chico) que encauzara lo que todos estábamos pidiendo: el final de un conflicto artificialmente creado por las ansias megalómanas de un presidente ineficiente y bocón. Engolosinados con la masiva petición, creyéndose la respuesta que el pueblo andaba buscando, un grupo de burros pusieron a la cabeza de su estúpido golpe de estado a un ser anodino y aparentemente inofensivo, un tal Pedro Carmona (en la foto de Reuters, autocoronándose), que de inmediato pensó que una diadema de presidente lo haría invencible, como si se tratara de los lentes del intrépido volador o la capa de Supermán. Pues no, así como vino, se fue; corriendo, por la puerta de atrás, como el cobarde que era y llevándose consigo el epíteto con el que se le conocerá para siempre: Pedro, el breve. En su regreso, el tiranuelo (como acertadamente lo llama Eduardo Casanova), prometió villas y castillos, prometió enmendarse, buscar la concordia, pero esa piel de cordero le duró unos días; pronto volvió a su euforia bipolar y amenazó e insultó a todo lo que se moviera. A partir del (ab)uso espurio de cierta oposición amante del caudillismo del capital democrático que significaron millones de personas en la calle reclamando justicia, Chávez tuvo una excusa para empezar el endurecimiento de su dictadura disfrazada de legitimidad, Chávez puso en marcha los mecanismos de su dictadura en cámara lenta, que es lo que está ocurriendo en Venezuela ante el silencio cómplice de la comunidad internacional y cuya próxima víctima, Radio Caracas Televisión, ya está siendo colocada en el altar donde presenciamos el sacrificio de la democracia para alabanza del ego acromegálico de un presidente que ya no aguanta que le lleven la contraria, ni dentro ni fuera, ni encima, ni debajo, ni de lado, ni en voz baja ni en susurro. Sólo quiere genuflexión, y genuflexión se le está dando.
Muchos nos frustramos cuando constatamos que en la oposición hace tiempo que los Bethancourt, los Pietro Figueroa, los Andrés Eloy Blanco, los Rómulo Gallegos, han desaparecido, y en su lugar sólo contamos con un puñado de nulidades semianalfabetas tan torpes como su némesis chavista, y con algunas cabezas luminosas que parecen estar paralizadas sin saber cómo responder políticamente a la bota militar que poco a poco constriñe todo en la vida venezolana.
¿Aún esto es así?
Sinceramente, espero que no. La matanza (¿ordenada desde Miraflores? ¿Idea de algún espontáneo? ¿Conspiración de uno u otro lado?) de ese día en el centro de Caracas aún espera por responsabilidades; y 4 millones de votantes opositores todavía creen que la solución está en el fondo de una urna de votación, aunque sea electrónica, aunque se anulen sus derechos como ciudadanía, aunque los que debieran cumplir con su deber de líderes opositores abandonen sus puestos en la Asamblea Nacional y le entreguen el país a esta fuerza segregacionista que es el chavismo, que fagocita por igual a aventureros como Lina Ron y Luis Tascón, soldados culipateados como Walter Martínez, posmodernos reciclados en premodernos como Juan Barreto y a, por llamarlos de alguna manera, intelectuales, otrora exquisitos, elitescos y redomados cuartorrepublicanos, chupadores de cuanto beneficio exclusivo se presentara, y ahora más autóctonos que un pocillo de peltre, como Miguel Márquez, Luis Britto García y Román Chalbaud, serio aspirante a Leni Riefenstahl criollo, para lo cual ha hecho ya bastantes méritos. La solución no pasa por bajar la cerviz, como han hecho muchos. Ni tampoco por darle poder a lamentables peleles con la mano levantada como el que ilustra esta entrada.
Al menos, noticias como las que con justicia pregona unocontodo, el éxito (por segundo año consecutivo) de los estudiantes de la UCAB y de la UCV en Ginebra, participando en el Modelo Mundial de la ONU de la Universidad de Harvard-WorldMUN nos devuelven la esperanza de que el país no ha dicho todavía su última palabra. El futuro es largo.

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