sábado, 27 de octubre de 2007

320. El Platón de Chávez

Hay un señor llamado -inmerecidamente- Juan Carlos, como tantos otros -el hoy en día cuestionado rey Borbón incluido-; un nombre común y corriente; los que lo llevamos lo queremos mucho, por razones identitarias obvias. Este lamentable tocayo de tantos, Juan Carlos Monedero, quizá merezca un nombre más alto, más noble, más famoso, y no estos dos nombres tan prostituidos en el universo de la onomástica: por ejemplo, Platón sería un apelativo más apropiado. Por qué, preguntará alguno, se me ocurre ofrecerle este tan ventajoso cambio de nombre; y lo voy a explicar.
Pues resulta que este señor, tal vez harto de que en su propio país nadie entendiera las luces de sus novedosas propuestas politicas, ha encontrado, como ocurrió en su tiempo con el divino filósofo de la Academia ateniense con el tirano de Siracusa, un gobernante (o tirano) dispuesto a dejar que utilice un país completo para llevar a la realidad las ideítas que pululan por su estudiosa cabeza. España, su país de origen, no le ha hecho caso nunca, quizá por la sabiduría que dan las guerras civiles, las extenuantes dictaduras providenciales y la prosperidad consensuada. El caso es que el que gobierna Venezuela le ha dado cancha y alas, y allá está, enseñando a los venezolanos (tan torpes siempre) cómo es que se construye la felicidad de un país a golpe de teorías emergidas de la caverna europea de sus ideas.
Dice este filósofo del socialismo de siglo xxi que el consumismo no es un buen amigo del socialismo, y se explaya sorprendido de que en la naciente república socialista el deseo de la propiedad privada arraigue en los corazoncitos de estos ignorantes de la patria tricolor; afirma, como quien habla desde el empíreo, que esa actitud forma parte de una contradicción de este proceso que demuestra que hay mucho cuarta republicanismo sociológico. Este país se acostó adeco y se levanto chavista y eso es real en términos electorales, pero no tiene porque [sic] ser real en términos de conciencia.
Y ya, resolvió de un plumazo 500 años de idiosincrasia venezolana, con la sola fuerza de su pensamiento rusoniano y europeo, culto, sí, pero bucólico talío.
Un prometeo ibérico pata negra que trae la luz de la propiedad colectiva del Estado solidario y no egoísta. ¡Albricias, Alvar Chávez, ca recibidos somos en tierra!, parece celebrar con su agudo pensamiento, mientras le arregla la vida a 24 millones de venezolanos que no le han pedido que meta sus narices donde nadie lo ha llamado. Y tan culto, y tan seguro, y tan filósofo se sabe, que se atreve a lanzar una velada amenaza al amo que le paga por pensar: Yo tengo muy claro el riesgo del estalinismo; si viera que se camina en esa senda, no tendría qué hacer aquí. O sea, o se hace como me lo imagino yo, o no juego más. Y punto. Que aquí el filósofo soy yo, ¡cohóne!
Una sola pregunta tengo, lego de mí, al nuevo filósofo político de mi país, al nuevo Jefferson hispano: muy bien que no le guste la propiedad privada y las perversiones del capitalismo; pero, digo yo, ¿usted seguirá cotizando en la seguridad social española -esta patria capitalista que no lo entiende-, y -plus a su favor- estará recibiendo por su trabajo un asqueroso sueldo en dólares que se cuidará de mantener a buen recaudo en alguno de esos asquerosos bancos españoles como el Santander o el BBVA? Quizá planee pasar el resto de su vida en Venezuela, cambiando manos de cambures por flamantes lionzas de trueque y viviendo en el mar de la felicidad del siglo xxi. Dudo que guarde para sí tal honor.
Sospecho las respuestas. Las mismas que tiene Chomsky cuando habla del fideicomiso gringo en el que está metida su jubilación, que le asegura su vejez imperialista; las mismas de los revolucionarios del primer mundo que celebran las revoluciones en los paisitos estos llenos de cabezas subdesarrolladas (aunque forrados de petróleo), pero que sienten una amplia tranquilidad cuando saben que ellos y sus familias viven en los países desarrollados que aseguran salud, vejez, tranquilidad y verano a pesar de los botines, los laras, los koplowitz, los polancos, los ortegas y todos esos asquerosos ricos capitalistas que, paradoja hipócrita, no se crean, ayudan con sus triquiñuelas a que España prospere como lo hace.
Agradezca, señor Monedero (honor que le hace a su apellido, por cierto), que Rufino Blanco Fombona ya no vive, porque un bárbaro ilustrado como él ya le habría cruzado la cara de un guantazo y se hubiera visto en el brete de batirse a duelo con el autor de El hombre de hierro, que -le paso el dato- nunca perdió ninguno. Por mi parte, creo que la fineza elucubradora de sus neuronas rojas rojitas no merecen la recompensa de un final tan romántico.
Por eso, tan solo porque ha emulado en totalitarismo idealista y fascismo utópico al sabio ateniense de hace 2300 años; y porque el nivel de hipocresía y caradurismo es tan alto en este señor (para llamarlo de alguna manera), es por lo que merece este epíteto: Platón de Chávez, el meteco que se ofreció (por unas pocas monedas de oro -¿monedoro?-) a empedrar con su severo pensamiento el camino triunfal de Hugo Chávez hacia la dictadura más rica y feroz, más tramposa e hipócrita, más infeliz y nefasta del siglo xxi.
Gracias, en parte, a este hijo de la... madre patria.

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sábado, 22 de septiembre de 2007

317. El discurso del farsante





En mayo pasado tuve la suerte de visitar Malabo y Luba, las dos principales ciudades de la isla de Bioko, en Guinea Ecuatorial, país que antes estuvo bajo el coloniaje español, una de las tantas pezuñas europeas en el continente africano. Mi visita a ese país se pareció mucho a un viaje a Venezuela donde también se suda a conciencia, las ceibas son enormes y el aire vibra al mediodía a causa de los rayos del sol. Porque, además, Guinea es el único país en el que el español comparte espacio lingüístico con las lenguas vernáculas, como el fang y el bubi, y allí ha ido creciendo una narrativa y una poesía en nuestra lengua que hemos obliterado ignominiosamente, tal vez cumpliendo con el precepto según el cual de Africa sólo nos interesan sus riquezas, no su espíritu.
Pero los entrañables momentos de mi viaje, el cálido afecto de sus habitantes y la poderosa fuerza de la naturaleza no fueron suficientes para ocultar la miseria en la que la mayoría de la población vive; ni los privilegios ocultos detrás de enormes paredes custodiadas por soldados; ni la complicidad callada y oportunista de algunos empresarios españoles, franceses y estadounidenses, siempre pendientes de la cuenta de resultados antes que del bienestar común. Y algo más no pudo ocultar la belleza tropical de Guinea; lo más interesante de todo, lo más singular: el régimen que gobierna Guinea no cuenta con un solo intelectual que avale sus designios. Creo que es el único régimen dictatorial (por lo menos el único que yo conozco) que no precisa de intelectuales para existir. Porque ni la Rusia soviética, ni la Alemania nazi, ni la Cuba castrista, ni otra dictadura que recuerde, dejó de utilizar a los intelectuales que se prestaron a cambio de dinero, honores y atención a sus obritas para maquillar de legalidad y seso lo que apenas era la avispada toma del poder por parte de unos pocos y sacrificar a todos los demás en el altar de una revolución absurda y casi siempre sanguinaria. Confirmé emocionado que los intelectuales guineanos, casi todos en el exilio, no se han prestado para esas vagabunderías. Y deseé en Guinea que los intelectuales de mi país fueran así de valientes.
Vano deseo.





En Venezuela, desde siempre, hay un intelectual a la mano para cada dictador. Rómulo Gallegos les puso nombre en su extraordinaria Doña Bárbara: el dr. Mujiquita, el leguleyo que abonaba con palabras las trapacerías de la feroz doña con el hermoso rostro de María Félix. Pues bien: en mi país nunca ha faltado un mujiquita, el zarrapastroso de turno que hace lo que sea con tal de que sus detritos mentales tomen forma en las páginas de una novela, de un poemario, de un ensayo, y sean celebradas como él cree que se merecen; y él sea condecorado como él cree que lo merece; y sus chistes sean aplaudidos como él cree que lo merece. Todo, a cambio de bajar la cerviz y lamer con juicio la bota que pagará todas sus medallas, todos sus honores.
En Venezuela, estos seres antes se apellidaban Vallenilla-Lanz, Mata y Zumeta; hoy la genuflexión viene tanto de afuera con apellido de aristócrata polaco (Poniatwoska) como de dentro, con apellido mestizo, como debe ser: Britto García. Este señor, Luis Britto García, es uno de los defensores más ilustrados de la revolución bolivariana y el sátrapa que la lidera; economista, escritor, filósofo, intelectual; es capaz de recitar fragmentos enteros de los clásicos y también puede disertar durante horas sobre cualquier cosa, pues es famosa su memoria. Hace 30 años escribió una novela experimental, que yo no he terminado de leer porque es asaz difícil, y tiene no pocos excelentes cuentos, también de hace años; destacaría Helena, una excelente versión de la inocencia.
Pero no se vayan a pensar que este señor, durante los cuarenta años de democracia que precedieron a este chiste que es el chavismo, estuvo arrinconado y marginado por los oligarcas que detentaban el poder; de ninguna manera. Britto García siempre ha sido un intelectual del stablishment; el viejo Estado venezolano que él ha ayudado a desmontar lo cuidó con mimo y fue el beneficiario de viajes, ediciones, premios y demás zarandajas propias del que estaba sumiso al lado del poder, del que brindaba emocionado con un ministro músico y se arrobaba con las palabras de Carlos Andrés Pérez, ese corrupto, hermano gemelo de Hugo Chávez.
Ahora, como buen mujiquita, heredero de los mujiquitas que en el mundo han sido, él escribe del hombre nuevo; ahora reescribe la historia venezolana para comodidad de su nuevo amo y de paso se mete él como precursor de una revolución que quizá ya soñaba cuando hacía lobby en los pasillos del antiguo Consejo Nacional de la Cultura y de la antigua Monte Ávila Editores, con la esperanza de que le dieran sus viáticos, sus invitaciones, sus premios, sus libritos: «En fin, desde la izquierda cultural la palabra insurrecta continuó construyendo un proyecto emancipador en el fragor de la lucha política, en prisión o en los resquicios de nichos académicos o comunicacionales. [...]. Mientras nuestros hermanos guerrilleros, militantes o creadores eran exterminados, desbandados o corrompidos, aprendimos el duro tesón de la hormiga y la subterránea paciencia del topo. Con las herramientas de la idea soñamos una Venezuela original, mestiza, igualitaria, antiimperialista, socialista, integracionista, internacionalista. Se nos llamó los Últimos Mohicanos. Éramos apenas los primeros»[1].
Usted que me lee, quizá no llegue a tener idea de cuánto me repugna consignar las palabras de este farsante, pero cuando las leí supe que si estos nuevos mujiquitas van a reescribir la historia de Venezuela, si van a hacer como Stalin y van a recomponer las fotos de la memoria, por lo menos que no sea con mi silencio, con mi inacción: las pongo aquí y las difundo para que se sepa qué clase de intelectual rodea la barbarie que es la revolución bolivariana.
Pero no acaba. Más adelante, se inventa una historia contemporánea a la medida de su amo, tal como ya hizo el cineasta Román Chalbaud con su Caracazo, la película donde, si lo dejan, le hubiera puesto capa voladora a Chávez (este director, por cierto, antes de hacer su película recorrió no pocas productoras españolas con sus guiones bajo el brazo y tan solo recabó sonrisas ocultas y portazos en la cara). De los acontecimientos del 27 y 28 de febrero de 1989, los saqueos populares y el toque de queda que viví en carne propia, inventa Britto García: «Así, mientras la represión desmantelaba órganos y sujetos del proyecto revolucionario, los intelectuales lo mantuvimos presente hasta que su goteo pertinaz permeó nuevos sujetos de la sociedad venezolana. El 27 de febrero de 1989 se sublevaron en forma simultánea y masiva los movimientos sociales; el 4 de febrero de 1992, las vanguardias progresistas del ejército». Y, ¡voilà!, la mágica palabra de un mujiquita del siglo xxi junta churras con merinas y produce el nuevo discurso histórico; ¡de «forma simultánea y masiva» los movimientos sociales se sublevaron! No sé de qué país habla Britto García, porque en el que yo estaba a las doce del día del 27 de febrero de 1989 no vi «movimientos sociales» sino turbas desaforadas que no robaban para saciar el hambre del estómago sino el hambre de consumo, pues no creo que un televisor de 40 pulgadas, o 20 computadoras sean para dar de comer a los famélicos. Saqueos. Lo que ocurrió durante dos días fueron saqueos de la gente en desbanda, harta de no tener dinero para comprar lo que compraban los estratos altos de la sociedad, en los que se movía —y se mueve, no lo olvidemos— el señor Britto.
«En la hora de la verdad se conoce al intelectual verdadero», termina Luis Britto García. Quizá es una advertencia para él mismo, para que recuerde que el pensamiento que se vende por unos cuantos granos de arroz, no es pensamiento de intelectual sino de borrego asustado y pusilánime que sabe leer mejor que los demás. El intelectual verdadero deja solo a los dictadores en su evidencia, como en Guinea. No se agacha para que el tirano se suba sobre sus palabras, ni pasa ocho horas oyéndolo risueño, aguantando las ganas de orinar a cambio de cien mil dólares y un «si Adelita se fuera con otro». Farsantes.



[1] Ver Rebelión.org: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=55746.
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316. Simpatía por el diablo

Viñeta de Romeu en El País de hoy, 7 de septiembre de 2007.


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314. Europa, no nos falles


La noche del 14 de marzo de 2004, cuando se dieron los resultados electorales, muchos compartimos el clamor que retumbaba en las voces de muchos jóvenes de Madrid: «¡no nos falles, ZP!». Después del obstinado final de legislatura del presidente Aznar, sordo al clamor antibelicista del pueblo que lo eligió, la llegada de Zapatero era un soplo de aire muy fresco para los que estábamos hartos de los gestos groseros y prepotentes con que Aznar concluía sus ocho años de gobierno —que tuvieron, hay que decirlo, no pocos momentos de acierto, tanto dentro como fuera de España. Yo estaba tan alegre ese día, que le dije eufórico a mis amigos españoles: «hoy he decidido que me quedo en este país para siempre». Y ya llevaba siete años aquí.
Una de las razones para que un venezolano inmigrante se alegrara tanto de que los socialistas regresaran al poder en el único país que habla español de Europa, tenía que ver, como no podía ser de otra forma, con el futuro de las naciones hispanohablantes allende los mares, Venezuela entre ellas. La política española que, en teoría, debería ser la más abierta hacia las necesidades y retos de nuestros países, parecía encontrar en el presidente Rodríguez Zapatero un nuevo interlocutor, menos viciado por los arrumacos con el mediocre y tantas veces torpe George Bush, y menos prejuiciado ante los problemas sociales y económicos que los hispanoamericanos padecemos como una gripe mal curada desde el siglo xix.


Con gobiernos cada vez más corruptos y autoritarios pululando por esos lares, los latinoamericanos estamos cada día más necesitados de un oído sensato que ponga más atención y menos bolsillo sobre América Latina. Siempre he pensado que la riqueza natural de un país es una bendición envenenada, que igual lo lleva al éxito como al más vil de los fracasos. Sobre todo si los que codician esas riquezas cierran los ojos, taponan los oídos y callan las bocas con tal de recibir su parte del botín. Hay momentos en que está en juego algo más que la estabilidad económica o el suministro de recursos.
Europa ejerció un papel fundamental en el siglo xx, consolidando lo que tantas regiones desean desde hace centurias: la paulatina unificación política y económica que aún está en sus inicios y ya se augura auspiciosa aunque no exenta de peligros. El experimento de la Unión Europea tiene las mismas características que el frustrado proyecto de la Gran Colombia, soñado primero por Francisco de Miranda y ensayado por Bolívar cuando lo creyó conveniente. El éxito de la UE es en sí mismo un aval para que su opinión tenga el peso suficiente para tomar en cuenta sus razonamientos. Sobre todo cuando en otro punto del planeta el totalitarismo extiende sus manos con aparente impunidad, y hasta con muecas de sonrisa entre los «guardianes de la democracia», ese sistema imperfecto y perfectible que debe procurar «la mayor cantidad de felicidad posible al mayor número de ciudadanos», para parafrasear a Bolívar, tan perversamente utilizado en mi país en los últimos nueve años.
Muchos ciudadanos de la Unión Europea —entre los cuales se cuentan no pocos políticos, empresarios, banqueros e intelectuales— deberían abandonar de una vez por todas la ingenuidad rousseauniana según la cual en América Latina prolifera la «raza cósmica» y que las revoluciones que están teniendo lugar allí son la panacea para erradicar la corrupción y el mal gobierno que los azotan desde hace décadas.
Al contrario, desearía que alzaran su voz airada y no cesaran de exigir que gobernantes democráticamente elegidos —transformados astutamente en dictadores «indefinidos»— vuelvan al cauce de la democracia y permitan que de verdad sean los pueblos los que decidan su futuro. Europa nunca debería olvidar que Hitler llegó al poder apoyado abrumadoramente por el cultísimo pueblo alemán.
El caso de Hugo Chávez debería levantar algo más que graciosas suspicacias, pues no son pocos los venezolanos cualificados que hace años advierten de la deriva totalitaria del teniente coronel, sobre todo ahora que quiere llevar adelante una reforma constitucional «pintada» según su inspiración personal y sin deseos de que nadie le «cambie los colores» al cuadro que para él es Venezuela. El economista Domingo F. Maza Zavala, voz más que autorizada en el Banco Central de Venezuela, ha dicho en un artículo del 29 de agosto que la propuesta presentada por Chávez a la genuflexa Asamblea Nacional es «una ampliación del espacio económico del Estado y una evidente concentración de poderes» en el presidente. Pero las opiniones disidentes no sólo vienen de entornos adversos: El propio presidente Luis Inácio Lula da Silva, amigo declarado de Chávez, dijo a un diario brasileño que «cuando un líder político comienza a pensar que es indispensable y que no puede ser sustituido comienza a nacer una pequeña dictadura». Y más adelante agregó: «Chávez está proponiendo una reforma en la Constitución. Yo no pido eso porque soy adepto a la alternancia de poder. Creo que ocho años es suficiente para hacer aquello que creo que es posible hacer». (Chávez gobierna desde hace nueve años).
El contraste de Lula con las declaraciones de Chávez en el asfixiante y megalómano Aló, presidente del 26 de agosto, no puede ser más transparente: «Yo asumo la responsabilidad [de la propuesta de reelección indefinida] y se trata de que este ser humano (Chávez) está en el centro de la propuesta, en el centro del debate». En otras palabras: «yo y sólo yo soy el líder y centro del país que es mío de mí».
Ante esta realidad que lamentablemente se ha repetido decenas de veces en América Latina, los escritores nos preguntamos qué hacer. Cuando converso con los escritores latinoamericanos que viven aquí en Europa llegamos a la misma conclusión: Nada bueno traerán a Venezuela las carantoñas hacia Chávez de algunos intelectuales europeos (los saramagos, los ramonets, las regases y las gopeguis que gritan «¡que viva la revolución! —pero que viva lejos») alelados ante su propio espejismo de Utopía americana, ni los inmorales y perversos convenios como los del Alcalde de Londres para recibir gasolina venezolana barata que moverá a precios módicos los pintorescos autobuses de la City (mientras millones de venezolanos piensan qué hacer para acostarse esta noche con algo en el estómago), ni los saludos ignorantes o cínicos como los de Sean Penn o Danny Glover (a quien le han «otorgado» 18 millones de dólares para hacer una película, mientras muchos directores venezolanos esperan a veces décadas para obtener una mísera ayuda de su propio gobierno).
Nada bueno saldrá de esta complicidad light y logrera. Sólo le están dando un generoso compás de espera para que se arme, desmonte el Estado venezolano y emule, cuando se sienta (más) todopoderoso, al primer genocida que se le venga a la cabeza, de Stalin a Mussolini, pasando por Hitler o el mismo rey Leopoldo de Bélgica, ese personajillo patético y peligroso.
Y esa es la razón del título de estas líneas: Europa no debe fallarle a sus convicciones democráticas, que tanto le ha costado consolidar, a cambio de un poco de gasolina, una invitación a unas «vacaciones revolucionarias», o un poco de celebridad. El señor Chávez va a apropiarse de Venezuela y no se irá hasta que la desangre completamente. Es lo que suelen hacer los déspotas cuando se les da todo el poder. Europa en bloque debe denunciar esto y exigir cambios —antes de que sea demasiado tarde. Este guión ya se ha escrito demasiadas veces, y es hora de que los defensores europeos del chavismo se den cuenta de ello. Sólo te pedimos, Europa, que esta vez no nos falles.

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311. Sin palabras... solo para que corra la denuncia

Tomado del blog de Curiosa (pinchar en la imagen para verla más grande):


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309. ¿Frente Unido Nacional Socialista?

¿Alguien me puede explicar por qué este grupo se llama así y a qué se dedica en Venezuela? Es que oigo estas cosas y alucino en colores...

Frente Unido Nacional Socialista

pinchen aquí y lean este artículo publicado en Globovisión, Trabajadores oficialistas marcharon por “la vida y la salud en el ambiente del trabajo”. Como para no creer los nombres que a algunos se les ocurre ponerle a sus ideas (?)...

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308. por un puñado de [250.000] dólares

¿Alguien me puede decir qué marca es el traje que lleva el de la foto?

Mientras el presidente Chávez ejecuta uno de sus gestos más hipócritas y desvergonzados, esto es, "donar" los 250 mil dólares con que el muy democrático gobierno de Libia lo premió, como ejemplo para que los seguidores más chupamedias y que estén ostentado más sus hummer, sus mitsubishis, sus pent houses en las mejores zonas de las ciudades de Venezuela y el exterior (Eduardo Casanova denuncia por email a Germán Mundaraín, defensor del pueblo de Venezuela, por su casa de 275,000 $ en Alexandria, Washington, según se puede constatar en el Washington Post); para que estos genuflexos, repito, sigan su ejemplo y entreguen parte de sus riquezas que quién sabe de dónde salieron; cualquiera de nosotros puede, mientras lee este supuesto acto de desprendimiento presidencial, cosultar los presupuestos nacionales en la Oficina Nacional de Presupuesto de Venezuela y descubrir que sólo el presupuesto del Ministerio del Despacho de la Presidencia es de 324.906.300.000,00 Bs. (151,119,209.30 $), y que dentro de ese océano de dinero 598.774.792 bolívares, esto es, 278,499.90 dólares son para ropa, cuchillos de cocina, herramientas del hogar entre otras menudencias. ¿Alguien me puede explicar por qué el presidente de los pobres y adalid de la lucha contra el imperialismo sulfuroso necesita más 404 millones de bolívares en 2007 para vestirse él, su hijita y pocos más, porque los otros hijos son mayores de edad, creo, y ya es hora de que se vayan buscando un trabajo? ¿Es tan cara la ropa en Venezuela? ¡Ah! Es que nos ponemos de Armani, ya entiendo...
¡Pero claro que regala los 25o mil dólares! ¡Si no los trabajó él ni los necesita! ¿Cómo puede pedirle a Acosta Carlez que abandone sus privilegios o a Juan Barreto que regale su pisito del este?
Les dejo un pequeño extracto que hice para que vean cómo se gasta el dinero de nuestro país el presidente además de regalárselo a todo el que desde afuera le eche una mano revolucionaria, como los 30 millones de dólares para Evo, la boloña de real para Fidel, las "tarifas" para Ramonet y demás intelectualitos europeos que se las dan de progres (con el futuro ajeno) y los 18 millones de dólares (36 mil millones de bolívares = 16 películas venezolanas) para ese viejito sinvergüenza que se llama Danny Glover, loco por hacer por fin su película y que le ganó en adulación al al otro viejito, Chalbaud, al que sólo le dieron 3 mil millones de bolívares para su peliculita... el diablo paga con traición, etc.
[Glover tiene la desfachatez de decir que el regalo de los 18 millones de dólares "ayudará al cine venezolano pues con los ingresos se ampliará la capacidad de producción en el país". ¡Vagabundo!]
Digo yo que es mucho lo que se puede recortar de semejante inmoralidad de presupuesto, ¿no?

ÓRGANO: MINISTERIO DEL DESPACHO DE LA PRESIDENCIA
PROYECTO: 370016000 SEGURIDAD Y CUSTODIA PRESIDENCIAL
OBJETIVO DEL PROYECTO:
PRESTAR AL CIUDADANO PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA Y A SUS FAMILIARES INMEDIATOS LOS HONORES, ASÍ COMO LAS DISTINCIONES QUE CORRESPONDAN A SU ALTA INVESTIDURA. DE IGUAL MANERA CUMPLIR CON SU SEGURIDAD ASÍ COMO TAMBIÉN CUSTODIAR LAS INSTALACIONES PRESIDENCIALES Y LUGARES DONDE EJERZA SUS ACTIVIDADES
UNIDAD DE MEDIDA: DÍA
META: 365
RESPONSABLE/EJECUTOR: GUARDIA DE HONOR PRESIDENCIAL
PRESUPUESTO: 2007*

Materiales, suministros y mercancías
Textiles y vestuarios: [418.869.264]**
Textiles: 14.833.500
Prendas de vestir: 404.035.764
Herramientas menores, cuchillería y artículos generales de Ferretería: 9.513.450
Otros productos metálicos: 3.000.000
Productos varios y útiles diversos: [167.392.078]
Materiales y útiles de limpieza y aseo: 62.016.990
Útiles de escritorio, oficina y materiales de instrucción: 49.882.588
Condecoraciones, ofrendas y similares: 19.537.500
Materiales para equipos de computación: 32.400.000
Materiales eléctricos: 3.555.000

Total de estos rubros:
En bolívares: 598.774.792 Bs.
En dólares: 278,499.90 $
[calculado a partir del dudoso dólar oficial 1 dólar = 2150 bolívares])
*Cifras en bolívares
**Las cantidades entre corchetes [] corresponden al monto total del rubro en cuestión.
Si pinchas aquí, podrás ver el pdf con todo el presupuesto del Ministerio del Despacho de la Presidencia


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307. La cagaron

Los estudiantes que reclamaron a la Asamblea Nacional de Venezuela el derecho a hablar en la tribuna, se acaban de retirar del Hemiciclo caraqueño, no se sabe por qué, quizá por presiones, porque se asustaron, porque el evento era un acto político y a los niños no les gusta la política (pero van a la Asamblea a hablar con los Diputados): en todo caso, han puesto en bandeja de oro a los diputados y a los estudiantes chavistas un escenario en el que ellos quedan muy mal parados. Ya lo ha dicho Cilia Flores: se les abrió la Asamblea en cadena nacional y... se fueron. Esto es incomprensible y de una torpeza enorme. Yon Goicoechea, de la UCAB habló menos de un minuto para despedirse y salir corriendo. ¿Es eso reclamar los derechos, ocupar el foro público? En estos momentos se celebra un aquelarre chavista en la Asamblea, una vez que los "otros", a los que acusan de no ser "pueblo" huyeron como el tigre Melquiades, por la derecha :)
No sé si me da risa, o tristeza, la torpeza de estos muchachos que mataron al tigre y le tuvieron miedo al cuero. Era el momento de la diatriba verbal, de la confrontación de ideas: no de la soberbia y la actitud de sobrados. Tontos. Torpes. ¿O es que, por un casual, quisieron imitar a Condoleezza Rice en su "espantá" en la OEA después del rapapolvo al ignorante canciller Nicolás Maduro? ¿O es que de verdad estos niños están monitoreados desde arriba -desde los rectorados, desde los despachos de sus papis- y hacen y dicen lo que se les ordena? Como dirían los querubines en Lucifer: *Confusión* *Duda* *Angustia* *Frustración* *Pena* *Mucha Pena*.



Más, despúes del aquelarre celebratorio de la patria roja, el socialismo de las hummer y la muerte de los más pendejos:
Ahora los estudiantes que huyen dicen que no fueron a debatir, sino a ejercer un "derecho de palabra"; pero parece que estos chicos no entienden que cuando uno habla, cuando ejerce el derecho de palabra y es el emisor del mensaje´, lo envía a un receptor que, en toda democracia, tiene derecho de ejercer el también de emisor, tiene derecho de hacer uso de la palabra, y ese es el meollo de la democracia: el diálogo, no las oraciones afirmativas e imperativas, no el yo tengo la razón y me voy, no el toco taima y boto tierrita: si ya tenían asambleas universitarias para debatir, ¿qué hacían allí, en el lugar donde lo único que se hace es debatir?
Absurdo.
Torpe.
Ingenuo.
Y, lamentablemente, sospechoso.
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306. Monte Ávila, socialismo y muerte

Salgo de mi letargo bloguero para contar esto:
Con su discreta amabilidad de siempre, Ángel García, librero de referencia en Caracas, fundador y Gerente de la librería de la editorial Monte Ávila en los espacios del Teresa Carreño desde que Katyna Henríquez se fuera para su maravillosa librería El Buscón, nos anuncia con un muy sentido email que la librería ha cerrado sus puertas tras 14 años de exitosa existencia. En un país en el que cada día se abren más librerías y en el que la actividad editorial está en constante alza con títulos y sellos editoriales nuevos, alguna oscura razón revolucionaria habrá decidido que esta librería ya no hacía falta: y esto no debería sorprendernos, el socialismo de esta gente, ya sabemos, sólo lleva hacia la laguna opaca de la muerte. Poco a poco van desmantelando el país en beneficio de sus extraños fantasmas, y en esta deconstrucción suicida se van cargando (como dicen los españoles) todo las cosas buenas que los venezolanos teníamos. Supongo que ahora serán las paranoias de Eva Golinger, las boludeces de tontos como Britto García y los manuales para adorar al caudillo lo que el Estado ofrecerá a sus lectores. Y supongo, también, que detrás de la muerte de la librería, vendrá la muerte de Monte Ávila Editores, la otrora importante editorial venezolana (puntera publicando a Djuna Barnes, H. A. Murena, Harold Bloom, Carlos Rangel, Mario Praz o Northrop Frye) y, más adelante, la Biblioteca Ayacucho, ese monumento de cultura latinoamericana, porque se tratará de borrar todo vestigio de pensamiento y estilo, en pro de la estética chabacana y de cuartel que tanto le gusta al teniente coronel de Sabaneta. Acabar con el entartete-kunst (el arte degenerado) para imponer el arte heroico, como quería el cabo de Baviera; acabar con el pensamiento para darle paso al grito obligatorio de la Fuerzas Armadas venezolanas: ¡patria, socialismo o muerte! Que tengan suerte, ya que no les queda vergüenza.
[como supongo que es una carta pública, les reproduzco la carta de despedida que Ángel García ha mandado hoy a nuestros emailes; el tiempo dilucidará las razones para este absurdo cierre; ¡ay, intelectuales del régimen, cómo van a esperar la absolución de la Historia si tarde o temprano tendrán que explicar el apoyo a estos disparates!; y luego no digan que no sabían nada como hizo Leni Riefenstahl en su momento]:

Estimados clientes y amigos,
El 30 de noviembre de 1993 abrió sus puertas la Librería Monte ÁvilaEditores a los lectores de esta ciudad. Con los años y con mucho esfuerzo,la librería no sólo se convirtió en el lugar de encuentro de escritores,artistas, profesores, estudiantes y lectores en general sino que irradió suencanto más allá de las fronteras de la ciudad y del país. La librería del Teresa fue desde sus inicios, una clara referencia de librería cultural,donde tuvimos la suerte y la dicha de ofrecer todo el catálogo de la casa,nuestra querida Monte Avila, además de todos los fondos editoriales quepudimos adquirir para nutrir una buena oferta bibliográfica, creyendosiempre en la bibliodiversidad.El martes 8 de mayo del presente, a las 7:20 p.m., la librería cerró suspuertas. Nos embarga la tristeza lógica de dejar atrás el esfuerzo de casicatorce años pero nos sentimos contentos y complacidos de haber entregado lomejor de nosotros y haber logrado hacernos presente en el mapa personal delibrerías de cada uno de ustedes y en la memoria de esta ciudad.Vivimos momentos de esplendor y también tiempos de incertidumbre. Junto a unnutrido grupo de compañeros y amigos que formaron parte del personal de lalibrería en sus diferentes momentos, tuve la suerte de estar antes y despuésdel cierre de sus puertas. Junto a Katyna y el equipo inicial, vivimosemocionantes tiempos de apresuramientos para la apertura. Hoy, junto a miscompañeros, Katiuska, Amelis, Iraida, Yudely, Carolina, Alexander, Rita, Fabiola y Yanelys, hemos vivido momentos de profunda tristeza pero nossentimos orgullosos por el trabajo realizado. Son muchos los nombres que deberíamos mencionar y más las historias que setejieron dentro y alrededor de la librería, sin embargo, no es tiempo decontar historias, ya tendremos ocasión para hacerlo. Por lo pronto, deseohacerles llegar nuestro más profundo agradecimiento por habernos apoyadotodos estos años y haber sido ustedes los más importantes actores de estaobra.Hasta pronto. Ángel R. García - Librero

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298. Dilapidar la democracia

Hace cinco años un grupo de imbéciles se pusieron de acuerdo para convertir los legítimos reclamos de millones de venezolanos en el intento torpe y criminal de hacerse con un poder que nadie les estaba ofreciendo. El 11 de abril de 2002, como he dicho, millones de personas salieron a la calle exigiendo respuestas y esperando algún liderazgo (qué desgracia que el ser humano necesite siempre un líder, chico) que encauzara lo que todos estábamos pidiendo: el final de un conflicto artificialmente creado por las ansias megalómanas de un presidente ineficiente y bocón. Engolosinados con la masiva petición, creyéndose la respuesta que el pueblo andaba buscando, un grupo de burros pusieron a la cabeza de su estúpido golpe de estado a un ser anodino y aparentemente inofensivo, un tal Pedro Carmona (en la foto de Reuters, autocoronándose), que de inmediato pensó que una diadema de presidente lo haría invencible, como si se tratara de los lentes del intrépido volador o la capa de Supermán. Pues no, así como vino, se fue; corriendo, por la puerta de atrás, como el cobarde que era y llevándose consigo el epíteto con el que se le conocerá para siempre: Pedro, el breve. En su regreso, el tiranuelo (como acertadamente lo llama Eduardo Casanova), prometió villas y castillos, prometió enmendarse, buscar la concordia, pero esa piel de cordero le duró unos días; pronto volvió a su euforia bipolar y amenazó e insultó a todo lo que se moviera. A partir del (ab)uso espurio de cierta oposición amante del caudillismo del capital democrático que significaron millones de personas en la calle reclamando justicia, Chávez tuvo una excusa para empezar el endurecimiento de su dictadura disfrazada de legitimidad, Chávez puso en marcha los mecanismos de su dictadura en cámara lenta, que es lo que está ocurriendo en Venezuela ante el silencio cómplice de la comunidad internacional y cuya próxima víctima, Radio Caracas Televisión, ya está siendo colocada en el altar donde presenciamos el sacrificio de la democracia para alabanza del ego acromegálico de un presidente que ya no aguanta que le lleven la contraria, ni dentro ni fuera, ni encima, ni debajo, ni de lado, ni en voz baja ni en susurro. Sólo quiere genuflexión, y genuflexión se le está dando.
Muchos nos frustramos cuando constatamos que en la oposición hace tiempo que los Bethancourt, los Pietro Figueroa, los Andrés Eloy Blanco, los Rómulo Gallegos, han desaparecido, y en su lugar sólo contamos con un puñado de nulidades semianalfabetas tan torpes como su némesis chavista, y con algunas cabezas luminosas que parecen estar paralizadas sin saber cómo responder políticamente a la bota militar que poco a poco constriñe todo en la vida venezolana.
¿Aún esto es así?
Sinceramente, espero que no. La matanza (¿ordenada desde Miraflores? ¿Idea de algún espontáneo? ¿Conspiración de uno u otro lado?) de ese día en el centro de Caracas aún espera por responsabilidades; y 4 millones de votantes opositores todavía creen que la solución está en el fondo de una urna de votación, aunque sea electrónica, aunque se anulen sus derechos como ciudadanía, aunque los que debieran cumplir con su deber de líderes opositores abandonen sus puestos en la Asamblea Nacional y le entreguen el país a esta fuerza segregacionista que es el chavismo, que fagocita por igual a aventureros como Lina Ron y Luis Tascón, soldados culipateados como Walter Martínez, posmodernos reciclados en premodernos como Juan Barreto y a, por llamarlos de alguna manera, intelectuales, otrora exquisitos, elitescos y redomados cuartorrepublicanos, chupadores de cuanto beneficio exclusivo se presentara, y ahora más autóctonos que un pocillo de peltre, como Miguel Márquez, Luis Britto García y Román Chalbaud, serio aspirante a Leni Riefenstahl criollo, para lo cual ha hecho ya bastantes méritos. La solución no pasa por bajar la cerviz, como han hecho muchos. Ni tampoco por darle poder a lamentables peleles con la mano levantada como el que ilustra esta entrada.
Al menos, noticias como las que con justicia pregona unocontodo, el éxito (por segundo año consecutivo) de los estudiantes de la UCAB y de la UCV en Ginebra, participando en el Modelo Mundial de la ONU de la Universidad de Harvard-WorldMUN nos devuelven la esperanza de que el país no ha dicho todavía su última palabra. El futuro es largo.
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294. God save the Queen.. pero, ¿quién salvó a los soldados?

Un regalo al pueblo británico. Los ingleses se la pusieron bombita al presidente de Irán para que luciera bondad, y encima no saben dónde meter la cabeza por la metida de pata colosal. Y uno ve a Blair y, el que antes era el adalid de la tercera vía, hoy en día sólo es la sombra desvaída de Bush y un remedo flemático de Aznar. Qué penita. Lo bueno de la foto de Reuters que hoy han publicado los diarios del mundo es la cara de pocos amigos de los tres soldados ingleses de la derecha, que parecen pensar de sus compañeros, 'estos coñoesumadres no saben ya qué hacer para que estos putos moros nos suelten; cómo añoramos el fucking tiempo cuando Britain rules earth & sea". Y el cuarto por la derecha pensará, "por mí que se joda el león inglés y que dios salve a la reina; que si mi culo no me lo salvo yo mismo no me lo salva nadie". Y quizá vaya a tener razón. Por lo pronto, ya están en sus casas comiendo caliente (¿o el MI6 los está interrogando a fondo?). Si yo fuera uno de esos soldados, posibilidad remotísima que tiende críticamente a cero porque yo no expongo mi culito para defender la patria de nadie, ni mucho menos los intereses políticos ni económicos de ningún vagabundo (¡que se vayan ellos a la guerra! ¡Que se maten entre ellos Bush, y Osama, y Fidel, y Chávez, y Blair, y Ahmanidejad, y Olmert, y Benedicto 16, y Berlusconi, y el hijo de la gran señora Putin, y Gates, y Botín, y Polanco, y Cisneros, y Lara, y Slim, y todos los que como Pinky y Cerebro quieren conquistar el mundo en una enorme coñaza general! ¡Que organicen un torneo medieval y el que quede vivo que se quede con todo!); si yo fuera uno de esos soldados, repito, arrugaba del ejército de inmediato y vendía la exclusiva al primer diario sensacionalista que se me pusiera a tiro, y le vendía los derechos cinematográficos al primer tiburón de Hollywood que me sonriera. Porque encima de que tuve que conversar (es una metáfora por 'tuve que jalarle bola') con un ser como el presidente de Irán me voy a quedar sin nada. ¡Ni de vaina!
¡Y que viva Arquíloco, no fuña!
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287. La lealtad del/al caudillo

No es un sentimiento recíproco como la suma de las partes no es mayor que el todo; cada individuo está en la obligación de guardar reverencial fidelidad e incondicional lealtad hacia la figura del caudillo, pero el caudillo, por razones que sólo él sabe, puede traicionar al más perruno de sus adeptos. Esto no sólo es aplicable al tiranuelo que gobierna Venezuela y al anciano enfermo pero feroz que ha mantenido a Cuba bajo su bota en el último medio siglo, sino a todo aquel que ejerce una posición de poder y pretende que se le rinda culto y reverencia sin tener que dar nada a cambio, salvo la alegría de estar a su lado. Mucha gente se alegra de que, como represalia a sus dueños, un canal como Radio Caracas Televisión sea privado de su derecho a transmitir en abierto, y muchos lo consideramos una muestra clara (pero previsible) de la dictadura que poco a poco se fue instalando en nuestro país sin que el mundo la llegara a calificar como tal, gracias a errores, intereses y desidias de todo tipo. Y aunque a mí personalmente el señor Granier no me es nada simpático, y sé por algunos amigos que trabajaron allí que se trata de una persona déspota que ejerce el poder como le entra en gana (exige lealtad y da patadas en el culo), sigo pensando que no se le castiga por comportarse con la misma arbitrariedad que -oh, casualidad- su enemigo Hugo Chávez. El caudillo, por naturaleza, tiende a eliminar a los otros caudillos; el caudillo, por naturaleza, sabe cuándo hacerse la víctima y cuándo tener corazón de hielo; el caudillo es, cuando le conviene, el pueblo y, cuando no, azote del pueblo. Y quizá por eso Bolívar -caudillo arbitrario como el que más- sabía que el que se prolonga en el poder es el candidato perfecto para convertirse en tirano. ¿Debe haber democracia en la calle pero no en las empresas? ¿Debe haber democracia en las asambleas pero no en el palacio presidencial? ¿Es el poder de los dioses indefinido?
Que se hagan estas preguntas los que blanden el poder, antes de que sobre ellos caiga el inevitable brazo de la justicia, esa ciega insensata.
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286. ¿Aló, presidentes?

¿Es esta una metáfora de Venezuela y España?

Cuando suena el teléfono (antes hacía ring, ahora hace de cualquier forma) y contestamos, solemos utilizar una pregunta para establecer contacto y que así tenga lugar el modelo de la comunicación, emisor.receptor, que intercambian los lugares a medida que se lanzan un mensaje u otro, como si fuera la pelota de un partido de tenis. En Venezuela, el galicismo (o tal vez anglicismo) que se usa como interjección para contestar es ¿aló?, pero en España es un verbo, ¿diga?; aunque hay secretarias cariñosas en Caracas que perfectamente pueden decir sí, buenas tardes, ¿con quién deseas hablar, mi amor? El asunto es que cuando preguntamos generalmente esperamos una respuesta, pues no es necesario que caminemos por el mundo lanzando preguntas retóricas a la naturaleza que no puede contestarnos sino con rayos y centellas, por más que se oponga y hagamos que nos obedezca.
Y toda esta disquisición interrogativa me vino a la cabeza el martes cuando vi Tengo una pregunta para usted, un programa donde el presidente del gobierno español se enfrentó a las preguntas de cien ciudadanos (suponemos que escogidos con el cuidadoso azar que da el poder) que no se cortaron a la hora de reclamarle cosas de su gobierno como la situación con ETA, el desempleo, la vivienda. La pregunta más famosa, ya lo saben, es la del precio del café, que ZP no atinó: hace años que un café dejó de costar 80 céntimos, exactamente el día en que España entró en el imperio del euro. Por ejemplo, si el 31 de diciembre El País, El Mundo, o el ABC costaban 100 pesetillas de nada, el 1 de enero, el día siguiente, pasaron a costar 1 eurazo, que son exactamente 166,386 pesetas de nada. O sea, nos aumentaron 66,386% el precio del periódico y eso que se habían pasado meses anunciando que nada iba a subir. Yo te aviso, chirulí. En todo caso, ahora existe un nuevo tipo de café en España: el zp, que se puede tomar con leche o solo, al gusto del consumidor, y por apenas 80 céntimos (que son 132 pesetas, by the way).
Total que Zapatero dio la cara, y el 19 de abril la dará Rajoy. A ver qué le preguntan. Es una sociedad democrática y los ciudadanos tiene derecho de pedir cuentas.
¿Ocurre lo mismo con Aló, presidente? ¿Pueden los venezolanos ir a ese costoso programa y preguntar abiertamente a Chávez por los chanchullos en la producción petrolera, los regalos de dinero a otros países, el fracaso de las cooperativas o los 8 mil millones de bolívares desaparecidos del plan Bolívar 2000 en Trujillo, por ejemplo? ¿O este programa contradice su nombre y tan solo es el larguíiiiiisimo monólogo de un narcisista-leninista como lo llama Andrés Oppenheimer?
Qué alegría me dio ver que la gente recriminaba a Zapatero por su (muchas veces errática) política antiterrorista con ETA y su desapego a la calle (aunque él, a mi modo de ver, supo navegar por esas aguas y contestó con dignidad y me parece que sin hipocresía: y la honestidad es un grado); pero qué tristesísima me dio pensar que, al mismo tiempo que España busca más y más vías para alimentar su próspera democracia, en mi país seguimos con paso firme hacia el siglo xix, en busca de las montoneras y los caudillos, los taitas y los hombres fuertes y machos que nos digan qué hay que comer, qué hay que vestir y cómo hay que pensar; y tenemos muchos petrodólares con qué alimentar al monstruo: no olviden que Chávez dispone de más de 71 mil dólares anuales sólo para zapatos (casi 153 millones de bolívares), según nos ilustró Rafael Osío Cabrices aquí. ¿Aló, presidente Chávez? ¿No le puede prestar 80 céntimos a Zapatero para que se tome tranquilo su café? Zapatero, toma tu zapato, parece contestar Chávez ahíto de riquezas.

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284. Partido Úguico Socialista

Así se llama, me dice desde Venezuela mi más gracioso informante de la realidad nacional, el partido que el tabaratodamedos presidente de nuestro país quiere fundar a su alrededor, como la gallina maternal que agrupa a sus pollitos bajo sus alas. El Partido Úguico Socialista (¡PÚS!) venezolano tendrá como consigna principal hacia mi presidente todo, contra mi presidente nada. Uno de los primeros logros del partido será el estreno, hoy, del primer programa nepotista del mundo, el Aló, Adán, del hermanito Adán Chávez, que va a ser como llamar por teléfono al Paraíso: ¿Aló, Adán? ¿Está Evo?, y así por el estilo.
Es que cuando hay malos gerentes en un país no se puede esperar sino habladera de pistoladas como arroz.

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278. Anatomía de lo grotesco

Esto es tan grotesco que ni lo comento; sólo les conmino a que pulsen play y lo vean. Al menos por la red se puede encontrar gente que, aunque con manifiestos errores ortográficos y de redacción (que es peccata minuta al lado de la inmensa grosería, corrupción y vagabundería que denuncia), se atreve a desenmascarar a este gobierno que comete este atentado contra los intereses de la nación, regalando las riquezas del país allí donde no debe hacerlo, en vez de invertirlas en las necesidades de los ciudadanos que se supone lo eligieron para que velara por la administración del tesoro nacional. Vean este video, si tienen estómago para soportar la chabacanería ignorante y chupamedia de Mario Silva, y háganse solo una pregunta: ¿necesita Londres que Venezuela la ayude a sacar a sus pobres de la pobreza? Mi respuesta es tajante: ni de vaina.


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277. Héroes


Aquí está Perseo mostrando la cabeza de la medusa (en griego Μεδούσα, de μέδω medō, «guardián»), en un precioso trabajo de ese malandro que fue Benvenuto Cellini. Es una maravilla encontrarse con esta estatua en la plaza della signoria de Florencia y ponerse debajo de ella para verle esa mirada fría y serena al héroe que, con su pipí chiquito, al fin le ha arrancado la cabeza a la maluca bicha, que no obstante es la guardiana de todos nuestros miedos, la guardiana de nuestra imaginación y de nuestra libertad. Es lo que deberían hacer todos los héroes cuando acaban con los bichos malos: quedarse tan tranquilos, como si no acabaran de realizar un portento. Ese es el problema de nuestros héroes contemporáneos, los que fungen de guardianes de la libertad y la democracia (¿medusos ellos?); han dejado de cultivar el arte de la serenidad y todo es un aspaviento, un racarraca, un mira, mira, mira, y no dejan al personal en paz. Porque en realidad no se trata de héroes, pues esa época ya pasó. Ahora los que deben cortar las cabezas de las medusas son funcionarillos con el cabello largo y las ideas cortas, monaguillos, curillas lúbricos, coronelitos acomplejados que anuncian como antiguos tótems la invasión del islam, las oscuras intenciones del imperialismo, las traiciones de sus correligionarios y la buena nueva de una, grande y libre; y todo debe ser un escándalo, un grito, un ruido embrutecedor, dejando en el olvido que la serenidad de este héroe griego mientras sostiene la cabeza de la más malas de las guardianas debería ser su blasón. Y los otros que la miren a la cara, para que se queden petrificados. ¡Medusos!

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274. Futurología


Leo un libro sobre predicciones en este universo de la información que es Internet y su mundo alterno -o sea, la vida cotidiana- y me doy cuenta de que lo que he dicho más abajo sobre los billetes, casi como un chiste antigubernamental, se va volviendo poco a poco una realidad, y no hizo falta que pasaran muchos meses para comprobarlo. Ya amenazan con plagar los nuevos y devaluados billetes venezolanos con la iconografía del régimen: maisantas, zamoras, cristo rey, ismaeles, fariseos, centuriones (y otros miembros de copei). O sea, que lo de predecir el futuro que tanto anhelan los astrólogos, y que Spengler se atrevió a convertir en ciencia, se reduce en algunos casos a conocer al personaje y suponer lo que va a hacer a continuación. Es así como todos los acólitos (desde los J. V. Rangel y los Walter Martínez culipateados, hasta las Lina Ron y las Tibisay Lucena patriaomuerteadas) descubren los deseos de su führer y pueden hacer las cosas que a él le placerían, es decir, trabajar en su dirección, trabajar en la dirección de su idolatrado führer. La duda futuróloga me nace cuando me doy cuenta de que si debiera hacer una comparación española de esta actitud de los chavebolivarianos, me sorprende comprobar que su pares más cercanos son el padre Acebes, fray Zaplana y el monaguillo Rajoy, quienes desde la derecha de la política española parecieran obedecer los dictámenes de ese otro pequeño führer que es José María Aznar, empeñado en ocultar lo que todos los que vivimos aquí sabemos: que es un mentiroso.
¿Qué conclusión sacaría un Toffler, un Fukuyama, un Carlos Rangel de esta extraña similitud? ¿La derecha española es la izquierda venezolana, o la izquierda venezolana es la derecha española? Hay que seguir navegando, mientras llega la respuesta.

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272. El futuro de los billetes

En septiembre del año pasado hablaba del billete de cinco mil pesos colombiano, que está dedicado a José Asunción Silva y su poema Nocturno, célebre en Latinoamérica por sus características incestuosas y su filiación con el oscuro mundo de Edgar Allan Poe. Y vuelvo al tema de los billetes como símbolo del tipo de sociedad en que se mueven por la intención del gobierno venezolano de quitarle tres ceros al bolívar, para que parezca que esta sufrida moneda nuestra vale algo. Así que el año que viene los 2.150 bolívares oficiales que vale un dólar pasarán a ser, si no me equivoco, 2,150 bolívares, aunque en realidad el cambio a efectos prácticos será de 4,5o bolívares, ya que hoy se vende la moneda gringa en 4.500 bolivaritos en el black market. Pero no es el enredo de números lo que me hace escribir este post, para eso ya hay varios blogs y muy buenos que se encargan de explicarnos qué es lo que pretende el Banco Central gobiernero adoptando esta medida, aparentemente inútil y tranquilizadora del ego patrio.
Lo que me interesa destacar es que cuando aparezcan los nuevos bolívares fuertes, que son como los popeyes monetarios de nuestro país, será una oportunidad de oro para los chupamedias y los jactanciosos de todo pelo. Una nueva galería de imágenes ocuparía lugar entre los sempiternos y aburridísimos Bolívar, Páez (ese neotraidor), Sucre o las orquídeas. ¿Se imaginan que al ubú rey se le ocurra, no ya que su efigie adorne las monedas, tal como hizo Franco, Franco, Franco, sino que ordene que el tanque que se subió a la escaleras de Miraflores el día de su estúpido y muy torpe intento de golpe de Estado sea inmortalizado en el billete de diez bolívares strong (muy gay el nombre, por cierto)? ¿O que el billete de veinte bolívares forzudos tenga por un lado al mega choro que huía en una moto cargando con treinta kilos de carne, y por el otro al malandro que se robó diez televisores el día del caracazo? ¿Se imaginan? O algo peor: La cara de fidelidad perruna de Tarek William Saab por un lado, y uno de sus horrendos poemas dedicados a Maisanta, o al propio ubú, por el otro.
El daño a la economía que puede causar esta modificación monetaria puede ser muy grave; pero peor será el daño al espíritu y al reino del símbolo si a estos funcionarios enloquecidos, que trabajan en la dirección del führer sin que nadie les dé directriz alguna, se les ocurre aprovechar la ocasión para adular al caudillo y volver a bajar, llenos de goce, la cerviz. Debería haber una ley de sanidad contra la lisonja extrema.
Excurso sobre el caracazo
Este acontecimiento de 1989, que ahora quieren presentarlo como el grito desesperado de un pueblo hambriento, no fue sino la manifestación de la rapiña más vil, del deseo más bajo por poseer riquezas, esas que ahora son malas en la ideología mediocre del gobierno. Y a mí no me van a engañar porque yo estaba en Caracas y vi cómo la gente, aparentemente normal, se volvió loca y empezó a robar cosas que le gustaban: no caraotas, o arroz, o harina de trigo: caviar, patés, televisores, muebles y artículos suntuosos de todo tipo. Por lo menos así fue en Montalbán y en San Bernardino, que lo vieron estos ojos que se los han de comer los gusanos. No era un pueblo sediento de socialismo el que saqueó Caracas, era un pueblo ávido, igual ayer que hoy, de consumismo, de capitalismo y de real puro y duro. Y que conste que no fueron los habitantes de los cerros quienes provocaron tal carroñería, porque muy pronto vi cómo tanques de guerra se apostaron a la entrada del barrio La Vega, por poner un ejemplo, para disparar a todo aquel que se le ocurriera asomar la cabeza. Yo mismo, en casa de mi querido Diego Casasnovas, pasé una noche echado en el suelo, en Artigas, cagado de miedo por los disparos que se oían sin cesar. No dejemos que se tergiverse la historia -otra vez.

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269. Democratura


Anoche fui hasta la sede madrileña del Instituto Cervantes en busca de mi ejemplar de El segundo círculo, de mi querido Ernesto Pérez-Zúñiga, novela que ya está en la calle y de la que hablaré muy pronto; y en mi búsqueda literaria antes me topé con una conferencia sobre Europa y el Mediterráneo del escritor bosnio-herzegovino Pedrag Matvejevic, que en principio me aburrió un poco pero que de pronto me interesó por dos ideas luminosas que este emigrante europeo lanzó en perfecto italiano: en primer lugar habló del peligro de la tradición. Interesado en que el Mediterráneo no viva solamente de las glorias pretéritas, dejó claro que mientras se aferre a su pasado épico estará atrapado por él, y recordó que los regímenes fascistas y totalitarios (como los de Franco o Mussolini) se sirvieron de la tradición para justificar su propio y atroz presente. Pensé de inmediato -¡cómo no!- en el actual y ridículo enaltecimiento de nuestro pasado bolivariano, que nos tiene podridísimos a más de dos por aquí, y que sólo sirve para que una caterva de mediocres, fanáticos e ignorantes se arrimen al mingo de la abundancia petrolera embutidos en una banderita de tres colores y cobijados bajo el recuerdo distorsionadísimo de Bolívar, ese virus que padece Venezuela desde hace tanto tiempo. Y mucho más pensé en mi país -y otros países de América- cuando el señor Matvejevic soltó este vocablo: democratura. Según él, hubo -y hay- pueblos europeos que no han aprendido a vivir en un verdadero sistema democrático y por eso han -no explicó cómo- diseñado sistemas que en apariencia son democracias pero que funcionan en la práctica como dictaduras, y por eso las llama democraturas. Creo que no dio ningún ejemplo europeo (¿Rusia puede ser un caso válido?), pero, ¿adivinen en qué país estaba pensando yo cuando hablaba de eso? Pues sí, chico, en nuestra querida Pequeña Venecia. Porque, ¿a que lo que estamos viviendo en nuestro país cada vez más se parece a una democracia que en la práctica funciona como un régimen dictatorial cuando el todopoderoso cierra televisoras, le da una patada en el trasero a sus colaboradores más cercanos como Aristóbulo Istúriz, Walter Martínez o José Vicente Rangel (por más que ellos sigan perrunos y fieles), regala dinero sin consultar con nadie como si de su hacienda particular se tratase, condiciona el bienestar de los ciudadanos a la cantidad de fidelidad que sepan expresar, o simplemente le cambia la dirección de carrera a un triste caballo o coloca una miserable estrella en los símbolos patrios? Yo temblé al oír la palabra democratura, porque sentí que detrás de ella alguien repetía, luctuoso, "¡Venezuela, Venezuela, Venezuela!". Y sabía que no se trataba sino del canto de un cisne tosco y mediocre.

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